REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y SOCIEDAD CIVIL EN
AMÉRICA LATINA
Luiz Carlos Bresser-Pereira
Desarrollo Humano y Institucional en América
Latina n°.18, 8.7.2001. Barcelona, Instituto
Internacional de Governabilidad, www.iigov.org/
Intervention at the seminar “La reinvención de la
política y de la ciudadanía: la gobernabilidad
democrática para el desarrollo humano en América
Latina”, sponsored by Instituto Internacional de
Gobernabilidad, Barcelona, January 22-23 2001.
Sociedad civil es, por cierto, una expresión con muchos significados. Algunos son reductores,
como lo que identifica sociedad civil con organizaciones no gubernamentales. Yo adopto una
concepción más amplia de sociedad civil; la veo como el agente por excelencia de las
reformas institucionales en un régimen político democrático. La sociedad civil es la sociedad
políticamente organizada fuera del Estado. Es la sociedad e n que el poder de sus miembros es
ponderado por su capacidad de organización, por su riqueza o por su conocimiento.
Y ya avanzo dos hipótesis básicas en este sentido. Primero, las instituciones, que
definen el Estado de Derecho y garantizan los derechos civiles y sociales, son instituciones
democráticas porque son el resultado de la crítica social y del debate público que la sociedad
civil realiza. Segundo, en los sistemas democráticos, la sociedad civil es mucho más amplia
que las elites.
A partir de estas dos hipótesis propongo una tipología de democracia que tiene como
criterios el grado de representación y de participación en ella existente. De acuerdo con estas
variables, son tres los tipos de democracia: democracia de elites, democracia de sociedad civil
y democracia de pueblo.
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Ésta es una clasificación que pretende ser exhaustiva (o sea, abarcar todas las
situaciones democráticas) e histórico-evolutiva (es decir, los tipos de democracia tienden a
sucederse en el tiempo). Es, necesariamente, una tipología que trabaja con graduaciones: cada
tipo es una fase o etapa y el cambio de una fase a otra, aunque pueda ser revolucionario, tiene
siempre un elemento gradual, de forma que es posible determinar con precisión cuándo se
pasa de un tipo menos avanzado a otro más avanzado de democracia.
La democracia existente en las naciones latinoamericanas es esencialmente una
democracia de elites, mientras que en los países desarrollados se trata de una democracia de
sociedad civil. Aún no existen ejemplos de democracia de pueblo, en la cual el grado de
representación y de participación del pueblo en el gobierno es muy alto; no obstante, algunos
pequeños países europeos se empiezan a aproximar a este ideal.
En la democracia de elites, que corresponde aproximadamente a la democracia
delegativa definida por Guillermo O’Donnell, ya existen los requisitos esenciales de la
democracia (la libertad política y elecciones universales y regulares) mas el poder está
concentrado en elites capitalistas y burocráticas. Esas elites establecen pactos políticos entre
ellas, definen proyectos nacionales o, en términos de Gramsci (que se refería a una
democracia de este tipo en la Italia del inicio del siglo veinte), forman bloques históricos
dotados de hegemonía.
La democracia de elites es la última expresión de la política de elites: la primera que
no es simplemente autoritaria. En contraste, en la democracia de sociedad civil las elites
continúan existiendo mas se funden en una sociedad civil más amplia perdiendo, así, poder
relativo.
Esta sociedad civil será tanto más democrática cuanto más compleja se manifieste;
cuanto mejor distribuidos estén los poderes entre todos y, por tanto, menor sea el poder de las
elites; cuanto más vivos y respetuosos sean los términos en que se produce el debate público;
cuanto mejor dotada esté dicha sociedad de instituciones informales que valoricen la
individualidad de cada uno y la confianza (trust) de todos así como los derechos individuales
y el espíritu de cooperación.
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Los países desarrollados son democracias de sociedad civil porque ya completaron su
revolución democrática, porque su gobernanza democrática ya es de sociedad civil. Y son
desarrollados y ricos no solamente porque se industrializaran y pasaran a contar con amplias
clases medias (lo que significó su revolución capitalista) mas también porque la revolución
democrática realizada en seguida posibilitó que su desarrollo se tornase auto sostenido.
La revolución democrática garantiza a los países ricos una gobernanza más avanzada,
de mejor calidad, que la existente en las nuevas democracias latinoamericanas; una
gobernanza que es condición fundamental para lograr su desarrollo sustentado. Ello no ocurre
en los países en vías de desarrollo.
¿Por qué la revolución democrática es tan importante? ¿Por qué solamente la
revolución democrática asegura la gobernanza necesaria para lograr desarrollo auto
sostenido? Porque, mientras que en las políticas de elites el buen gobierno, el gobierno
competente, capaz de tomar las decisiones correctas, es una cuestión de suerte (depende de
monarcas o de elites iluminadas), en la democracia de sociedad civil el buen gobierno
depende de las instituciones existentes y de la propia dinámica de la sociedad civil.
Al contrario del saber convencional, la variable política estratégica no está constituida
por las instituciones, a pesar de su enorme importancia, sino por la sociedad civil porque es
ella la que reforma las instituciones y las legitima.
De este modo, para que se consuma la revolución democrática no basta alcanzar la
democracia de elites; es necesario que la democracia dé un paso adelante y alcance la fase de
democracia de sociedad civil.
Sin embargo, en los países latinoamericanos la situación es muy diferente. Como aún
no han realizado su revolución democrática, su gobernanza democrática es frágil. Se trata de
una gobernanza democrática pero de elites. Sus instituciones son débiles, a sus gobiernos les
falta autonomía respecto a los países ricos, la frecuencia con que cometen y repiten errores en
sus políticas públicas es enorme.
En otras palabras, los países latinoamericanos aún no han alcanzado el desarrollo auto
sostenible. Aunque tengan realizada su revolución capitalista, les falta llevar a cabo su
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revolución democrática. En consecuencia, la convergencia esperada por las teorías
económicas entre sus niveles de desarrollo y el ingreso por habitante de los países ricos no
ocurre; al contrario, la brecha aumenta en términos absolutos y relativos.
¿Cómo superar esa situación? ¿Cómo realizar la revolución democrática? No tengo
recetas para esto. Pero me atrevo a adelantar que la crítica social y el debate público, o la
acción comunicativa en palabras de Habermas, son las dos herramientas utilizadas por
sociedad civil para hacer avanzar la gobernanza democrática. A través de la crítica social y
del debate público nuevas cuestiones son colocadas en la agenda local o en la agenda
nacional. Y a través del debate público se forma la opinión pública – una opinión que pasa a
ser decisiva en las decisiones políticas. El reto fundamental que se presenta a los países
latinoamericanos, por tanto, es realizar su revolución democrática, es fortalecer sus
sociedades civiles, es estar abiertos a la crítica social, es respectar y hacer avanzar el debate
público. En muchos países latinoamericanos ya existen indicaciones de la transición de la
democracia de elites hacia la democracia de sociedad civil. En Brasil, que es el que mejor
conozco, estos cambios están muy claros. Pero resta un largo camino a seguir. La sociedad
civil en América Latina se torna cada día más democrática, el debate público más amplio y
aumenta la capacidad de toda la sociedad de aprender con sus experiencias y errores. Todavía,
una parte importante de las elites latinoamericanas continuará defendiendo sus privilegios y
subordinándose a los países desarrollados en lo que éstos marcan respecto a las directivas de
política macroeconómica y al diseño de las reformas institucionales necesarias: las reformas
de los roles del Estado, de los sistemas de regulación, de la administración publica, de la
seguridad social. En ese esfuerzo esas elites, al mismo tiempo que cometen errores
gravísimos, afirmarán que las iniciativas populares son siempre populistas, irresponsables en
el plano económico. Algunas veces tendrán razón, mas cada vez menos, porque tendremos
sociedades civiles cada vez más activas.
Una pregunta final. ¿Hasta qué punto el avance democrático de los países
latinoamericanos es irrevocable? La respuesta a esta pregunta depende de la naturaleza de la
democracia de elite existente en cada país. La democracia puede ser conquistada u otorgada.
La democracia es conquistada cuando refleja la existencia de una gran clase media burguesa y
profesional. En esa situación, la democracia ya no representa una amenaza para las elites,
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pues ellas pueden apropiarse de lo excedente vía mercado pero se ven obligadas a la
manutención de la democracia, dadas las demandas populares y de la clase media. En
contrapartida, la democracia es otorgada cuando las elites, por su cuenta o debido a la presión
internacional (americana), establecen la democracia en el país. La democracia conquistada
difícilmente puede ser víctima de un golpe de Estado; sin embargo, la democracia otorgada es
una democracia permanentemente vulnerable. Yo creo que en países como Brasil, Argentina,
Chile, Uruguay, Costa Rica, y ahora México, la democracia es conquistada. En otros países la
situación es menos clara. Los países que acabo de citar desarrollaron una gran clase media
burguesa y profesional que les permitió conquistar la democracia (a pesar de tratarse de una
democracia de elites) en la segunda mitad del siglo veinte. La transición democrática en esos
países no fue tanto una donación de las elites sino una conquista de la sociedad civil. Esta
conquista estableció las bases para los avances posteriores que han ocurrido más deprisa o
más despacio dependiendo de la capacidad de las fuerzas populares de hacer críticas y
demandas razonables y de la capacidad de las elites de absorber dichas críticas o,
simplemente, rechazarlas. No puedo decir lo mismo en cuanto a los demás países
latinoamericanos. Sus democracias continuarán débiles mientras no logren constituir una base
capitalista y clases medias significativas.
Mas en los dos casos, y principalmente en el caso de las democracias conquistadas,
estoy seguro de que la sociedad civil logrará ocupar un rol cada vez más significativo. A
través de la crítica social y del debate público la gobernanza democrática latinoamericana
continuará avanzando hasta que, al final, llevemos a cabo nuestras revoluciones democráticas
y el desarrollo auto sostenible sea alcanzado.
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